San Valentín: ¿Un día de encuentros o desencuentros?

Confieso nunca fui una gran entusiasta del Día de Los Enamorados. Me parece un gran pretexto de esta sociedad consumista, que no para de crear fechas “especiales” para vender más y más, y usar el nombre del amor y la amistad para lograrlo me genera mayor resistencia aún.

¡Para los que no me conocen, soy colombiana y en mi país el día de San Valentín, se celebra en el mes de septiembre, con lo cual me veo expuesta a esta situación dos veces al año!! ¿Tener que lidiar por duplicado con el estado de ánimo reinante, que gira más alrededor de ofertas de todo tipo, que, de conectar más genuinamente con nuestra pareja y amigos, siempre me llevó a reflexionar sobre qué estamos celebrando realmente el Día de San Valentín?

No me volví romántica de un día para el otro, fue después de haber conocido a “el Amor de mi vida”, cuando empecé a celebrar esta tan famosa fecha. Fue un aprendizaje y no surgió en mi naturalmente, por todo lo que les acabo de detallar, sino más bien por la necesidad de considerar lo que era importante para mi pareja, para quien San Valentín no era un día más.

A pesar de mi poca predisposición a festejar este día tan romántico, como la sociedad lo impone y sabiendo que para mi pareja era importante, se me ocurrió una idea salvadora. Le propuse que, en lugar de salir a aventurarnos para conseguir una mesa en un restaurant bonito, que seguramente estaría repleto y con gente esperando para ser ubicada, o de comprarnos los típicos regalos que se intercambian en esa fecha, diseñáramos nuestra propia celebración.  ¿En qué consistía? Simplemente en construir un espacio de encuentro en el cual las necesidades, deseos y expectativas de ambos estuvieran contempladas.

Quedarnos en casa, disfrutando de una copa de vino, mientras cocinábamos y escuchábamos nuestra música favorita, fue la mejor manera de encontrarle sentido a este día, sin que resultara una frustración o motivo de desencuentro en nuestra pareja.

Estar en pareja nos expone muchas veces a vivir situaciones donde no hay coincidencias en los deseos o necesidades de sus miembros. Saber negociar, acordar, ceder, dar y recibir, son destrezas que necesariamente tenemos que incorporar en nuestra vida cotidiana, para generar vínculos sanos. Quizás el secreto esté en aprender a escuchar y entender lo que es importante para el otro, sin dejar de lado saber expresar lo que es importante para uno mismo. Eso requiere de apertura, tener claro lo que uno quiere y mantener una buena comunicación en la pareja. Muchas veces no sabemos cómo hacerlo, pero les aseguro que se puede aprender.

Un buen regalo para San Valentín podría ser aprender a escuchar nuestros deseos más genuinos, alejándonos del ruido que nos propone el consumismo, para poder tener la disposición de conectar con los deseos propios y los de los que amamos.

¡Que pasen un lindo día y recuerden que todos los días pueden ser los días del Amor y la Amistad!

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    Muy buen articulo!

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  2. Pablo dice:

    Me parece genial

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  3. Pao dice:

    Excelente reflexión!

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